Escribir para nadie (o para mí)
Hace ya unos cuantos meses que no escribo por aquí, lo cual tampoco es nada novedoso. A estas alturas empezar un post pidiendo perdón por el silencio es tan típico mío que casi debería tener una plantilla en plan «Hola, sigo vivo, perdón por la ausencia, ahora os cuento». Copiar, pegar, publicar. Fin.
A todo esto ¿para qué sigo teniendo un blog en 2026? Porque seamos sinceros, esto no es 2006. Ya nadie mantiene una página personal donde escribir sus cosas. Lo que se lleva es publicar un vídeo de 15 segundos, soltar una frase ingeniosa en la red de moda o dejar que una inteligencia artificial redacte por ti un texto pulido, correcto y absolutamente vacío. Todo rápido, todo optimizado, todo pensado para arañar la atención de alguien durante el par de segundos que tarda en deslizar el dedo hacia abajo.
Y aquí sigo yo, tecleando párrafos que probablemente no lea casi nadie. Como un señor que insiste en escribir cartas cuando el resto del mundo manda audios de tres minutos. De todas maneras quien me conoce sabe que no me importa demasiado. Al menos a estas alturas de mi vida.
Durante un tiempo pensé que un blog tenía sentido si lo leía mucha gente. Métricas, visitas, comentarios. Ese cuento. Pero he llegado a la conclusión de que escribir aquí nunca ha ido de eso. Escribo porque me ordena la cabeza. Porque hay ideas que no terminan de existir del todo hasta que las pongo por escrito y las miro desde fuera. Es una forma barata de terapia, solo que en lugar de un diván tengo un editor de texto y un cursor parpadeando con cierta impaciencia. Qué cansino es ese cursor.
También me pregunto qué pinta escribir uno mismo en la época en que una máquina lo hace por ti, más rápido y sin faltas de ortografía. Y creo que ahí está precisamente la gracia. Una IA puede imitar un estilo, rellenar párrafos y hasta hacerme parecer más listo de lo que soy. Lo que no puede es tener mis dudas, mis manías ni mis silencios de varios meses. No puede decidir no publicar un texto porque le salió demasiado salvaje. No puede escribir para nadie, porque no tiene a nadie a quien escribir.
Yo sí. Aunque ese «nadie» sea, la mayoría de las veces, yo mismo dentro de unos años releyendo esto y preguntándome en qué estaba pensando. Así que nada. Ni cierro el blog ni prometo escribir más a menudo, que ya nos conocemos. Solo dejo constancia de que sigo aquí, tecleando para nadie. Que, mira, no es tan mal público. «Nadie» nunca se queja de las faltas de ortografía, ni de mis idas de olla, ni de que en general lo que publico por aquí no tiene ningún sentido.
Nos leemos. O no. Pero yo lo dejo escrito, por si acaso.
PD: La imagen de este post es de mi proyecto bizarro/artístico Garotart, que he revivido este año.
