Eterno viajero
En el momento en que estoy escribiendo estas líneas, llevo aproximadamente dos años y medio sin haber hecho una mudanza. Parece una tontería, pero hace muchos años que no llevaba tanto tiempo seguido viviendo en el mismo sitio.
La vida dio muchas vueltas, al menos para mí. Me convertí en un experto en mudanzas a la fuerza. Pero el mayor reto no era mover cachivaches de un sitio a otro, sino dejar gente atrás y conectar (o reconectar) con gente de otras épocas y/o lugares.
También me tocó experimentar hace tiempo el choque cultural inverso, varias veces. Es decir, volver a tu lugar de origen después de un tiempo fuera. También se le puede llamar «síndrome del viajero eterno» o también lo que cuenta la canción «El extranjero» de Enrique Bunbury.
¿Cómo se pueden echar raíces en un sitio cuando te has pegado unos años yendo de aquí para allá? Se puede intentar, claro, pero es difícil cuando se ha instalado en tu cerebro un bicho que te dice que no puedes echar raíces en ningún sitio porque tus raíces son flotantes como las de una lenteja de agua.
Siempre voy a recomendar a quien me pregunte que sí, que hay que vivir un tiempo fuera siempre que sea factible. ¿Cuál va a ser el resultado? Para mí, siempre positivo (nunca negativo). Simplificando:
A – Te das cuenta de que tu lugar no es de dónde vienes, sino alguno de los sitios en los que has ido a vivir. Quizá no de forma definitiva, pero por un buen tiempo.
B – Te das cuenta de que tu lugar sí que estaba de dónde venías. No obstante, las experiencias (da igual si buenas o malas) que hayas tenido fuera serán muy útiles.
Quizá decir todo esto en 2026 parece un poco temerario tal y como está el mundo hoy en día. Ahí ya entramos en el mundo particular de cada persona, las cosas no son siempre A o B como en el párrafo anterior.
Sea como sea, siempre estoy abierto a dar consejo sobre este tema a quien se está planteando hacer las maletas. A poder ser, con un café delante. O, en general, tomando un chaparrazo. Of course.
