Sumtyls – Parte 7
Otro papelito más, otra frase escrita en gaélico: «Ná déan marú». Esta sonaba hasta graciosa, y se traducía por «No matarás». Irene pensaba que se trataba del tercer mandamiento, pero era el quinto. Creía que iba a tener que seguir el orden de los mandamientos pero se ha saltado tres.
Tras darse cuenta de ese pequeño detalle envió un nuevo email a Sumtyls con la frase que obtuvo en el Rock Inferno. A la hora recibió una respuesta: «Enhorabuena, estás llegando ya al final de este juego. Tu siguiente destino es 43.359917, -5.842875. Se te recompensará por el tiempo y dinero perdido Shioban».
¿Se te recompensará por el tiempo y dinero perdido? Cinco segundos después de hacerse esa pregunta se dio cuenta de que al buscar la nueva dirección en el mapa esta se trataba ni más ni menos que de un sitio llamada Pub Vader… En Oviedo. Muy friki, y encima en Oviedo. Vio el horario del pub y decidió que iria el jueves en un viaje relámpago.
Jueves por la tarde. A Irene no le hacía mucha gracia ir a Oviedo. No se trataba de la clásica rivalidad entre las dos ciudades, sino por un ex ovetense del que no guardaba precisamente buen recuerdo. No obstante, este recuerdo le volvió a su cabeza mientras el tren de cercanías hacía su entrada en Oviedo. Ahora le tocaba dar una vuelta por la calle Uría hacia el Pub Vader.
Irene fue caminando rápidamente, echó un vistazo a la estatua de Woody Allen y siguió caminando hasta llegar a la Calle Carta-Puebla, donde el pub ya llevaba poco rato abierto. Esta vez sí que se encontró bastante gente al entrar, la mayoría de ellos universitarios. Se dirigió a uno de los camareros con el procedimiento habitual de la semana: «Hola, soy Shioban, creo que tienes algo para mí».
El camararero, bien sonriente, le dijo que cogiera la botella de cerveza artesana que quisiera de las neveras ya que estaba invitada. Irene eligió una «Pagoa», cerveza vasca, mientras el camarero le traía un sobre. Al palparlo le pareció que ahí dentro había más de un papel. Cuando se terminó la cerveza fue al baño y al abrir el sobre encontró el típico papelito con una frase y… 500 euros. Se le pusieron los ojos como platos.

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