La cuestión del embuchado
Cuando pasan tantos meses sin escribir por aquí es porque algo me lo impide. Ese «algo» ha sido varias cosas que han sucedido este año y que me han afectado bastante.
Entre otras cosas, el lector número uno de las tonterías que escribo por aquí ya no está en este mundo. Se me hace difícil escribir cualquier historia pensando que ya no la va a poder leer.
Bloqueo. Eso es lo que debo tener. Pocas ganas de escribir, pocas ganas de crear y en general pocas ganas de expresarme. Dicen que el tiempo hará que las cosas vuelvan a ser «normales», si es que es posible algún tipo de normalidad en este mundo.
Pero no, nada es «normal». Va pasando la vida mientras unas personas se van y otras vienen. Desgraciadamente creo que se van más de las que vienen, pero en este caso prefiero pensar que es mejor la calidad que la cantidad. Me siento afortunado de tener esa calidad cerca de mí.
¿Y ahora qué? A seguir viviendo. A seguir levantándome cada mañana. A trabajar aunque me apetezca menos que tomar un calippo de almendras amargas. En fin, a seguir viviendo… Como si todo esto tuviera algún tipo de sentido final, que probablemente ni lo tendrá ni lo haya tenido nunca.
Como diría mi padre, esta es la cuestión del embuchado. O como también diría: Cuidaros mucho, que buenos quedamos pocos.
