IA IA oh!
En un mundo donde la estupidez natural sigue avanzando nos encontramos en medio del auge imparable de la inteligencia artificial. Sea este auge una burbuja o no, parece que tendremos que convivir con ella aunque no nos apetezca.
Como programador la IA para mí no es algo novedoso. Ya lo llevo viendo desde hace décadas, eso sí, en un modo mucho más primitivo que ahora. Al igual que otros compañeros de profesión, al principio lo tomé como una amenaza. Lo sigo viendo así, pero con matices.
La primera amenaza que vi fue sobre mi propio puesto de trabajo. 20 años dedicándome a darle a la tecla y decían que una caja negra me iba a sustituir… Luego empecé a utilizar ciertas herramientas de IA no sólo como técnico sino como persona creativa que soy.
Precisamente porque llevo 20 años en esto sé que tengo que estar actualizado constantemente en lo que se refiere a tecnología y en las herramientas a utilizar. Todo esto a pesar de que cuanto más tiempo paso en el mundo de la programación más ganas me dan ganas de mandarlo a tomar viento.
He llegado a un punto en el que me preocupa más el lado oscuro de la IA que las consecuencias que pueda tener para mí directamente. ¿A qué lado oscuro me refiero? Para empeazar, a la ingente cantidad de recursos que demanda su uso. Crear un vídeo de gatetes bailando una jota no sale gratis ni mucho menos.
Ojo. No estoy negando el enorme potencial de la IA para casos útiles como el diagnóstico médico y la investigación tanto en temas de salud como en la ciencia en general. Lo que me preocupa es que acabe acelerando un futuro distópico al que nos dirigimos de cabeza gracias a la estupidez natural que mencionaba al principio.
Y dicho todo esto procedo a tomar un buen trozo de roscón. Cosas de vivir en Zaragoza el 29 de enero.
